Susan Boyle

Historia

El 21 de enero de 2009 es una fecha que Susan Boyle nunca olvidará. “No la olvidaré”, dice con su inconfundible acento escocés. Es el día en que la tímida y devota Susan, de 48 años, subió al escenario del Centro de Exposiciones y Conferencias de Glasgow, para presentarse al casting del programa Britain’s Got Talent. O por decirlo con otras palabras, el día en que su mundo dio un giro de 180 grados. Se colocó ante el jurado compuesto por tres personas, encargadas de decidir qué candidatos tenían de verdad talento, y la voz de Susan Boyle irrumpió en el escenario creando algo totalmente inesperado, tanto para ella misma como para todas las personas relacionadas con el programa. Ese momento es ya definitivo tanto en la vida de Susan como en la del concurso de televisión.

Con su aire casual tan característico, durante 3 minutos y medio de transmisión televisiva –que en el mes de mayo se reprodujo ante la expresión atónita de millones de espectadores– Susan Boyle creó un nuevo tipo de fama.  Consiguió un momento de gran pureza y brillantez. Infringió todas las reglas de este tipo de concurso y también rompió los moldes del marketing de la música moderna. Un poco por casualidad, se convirtió en el símbolo de la venganza de los más desfavorecidos. Susan describe su increíble año 2009 de manera franca y sencilla. “No he hecho nada. Me presenté al casting de un concurso y me eligieron. En resumen, eso es.” Pero, en la conciencia colectiva, se estaba produciendo algo más profundo. Si las dos palabras clave del siglo XXI fueran “reality” y “fama”, Susan Boyle, casi por casualidad, ha conseguido insertar un nuevo punto en el gráfico en el que los dos ejes se cruzan. Pocos personajes británicos han logrado distinguirse y permanecer en la memoria de la gente de esta manera.

Tras su prueba para el casting de Britain’s Got Talent –en la que dejó atónito al jurado, a la audiencia y a todos los que accedieron a Youtube, con su versión del tema I Dreamed A Dream del musical Los Miserables–  se produjo un auténtico tornado de opiniones, especulaciones y conjeturas, en los medios. El número de accesos al vídeo de Youtube es de 300 millones, y suma y sigue. Se convirtió en tema de numerosos artículos de opinión y en portada de centenares de medios, por derecho propio. Esta candidata, tan atípica para la máquina de producción de nuevas estrellas del siglo XXI en Gran Bretaña, ha saturado las redes informáticas, ha hecho correr ríos de tinta y conseguido la aprobación de la selecta lista A de Hollywood. Aunque lo que se ha dicho es muy variado, todo el que ha emitido una opinión sobre esta mujer, que se confiesa “un poco ama de casa”, está de acuerdo en una cosa. Si en 2009 no opinas lo que sea de Susan Boyle, es que no tienes opinión sobre nada de nada.

Por un momento, la vanidad se vino abajo. Al igual que el antiguo dicho de: “nunca juzgues un libro por la portada”,  el fenómeno Susan se propagó por todas partes con la misma intensidad que un virus. Era como si el mundo quisiera ofrecer su primera disculpa no verbal por valorar la belleza física por encima de cualquier otra cosa.  Quizá así pudiera olvidar momentáneamente su grotesca forma de juzgar. O quizá Susan Boyle sea un icono pasajero, sobre el que se coloca un microscopio que nos permite visualizar nuestras presunciones más engañosas. Sea cual sea el legado histórico de Susan Boyle a largo plazo, este es el momento de demostrar que hay más dentro de ella, y que no es únicamente el símbolo de un momento de brillo internacional.  Y va a hacerlo de la misma manera que entró en nuestra consciencia en el primer momento. Con la combinación de fuerza y fragilidad, belleza y soledad que caracteriza su voz cuando canta.

En cierto modo, la historia de Susan Boyle es la misma que la de cualquier mujer con buena voz que canta en un coro y recorre el Reino Unido, de aquí para allá. En su pueblo natal, Blackburn, había aprendido a cantar en iglesias y asociaciones corales. Cuenta que, cuando era joven y tímida, una persona con dificultades de aprendizaje, el esconderse en un colectivo para cantar le daba seguridad y la reconfortaba. Así pues, aquí vemos otra característica básica más de su historia absolutamente personal e intransferible. El miembro del coro que era menos probable que destacase en ese mar de voces se salió de la fila y asomó la cabeza por encima del muro para que se la viera. Para Susan, aunque ella no se atreverá a decirlo nunca, esto fue un acto de heroísmo personal que nunca hubiera imaginado.

La rapidez con que cogió impulso la reacción ante su trabajo se convirtió en leña para el fuego mediático. Pero la más sorprendida de todos era la mujer que acaparaba la atención de esa manera. “Empezó con el [periódico escocés] Daily Record llamando a mi puerta. Y acabó con las cadenas de televisión de todo el mundo aparcadas en mi calle, esperando para entrevistarme y contar mi vida. Yo apartaba un poco las cortinas para mirar y me decía: “pero ¿qué demonios pasa aquí?” Luego empezaron las llamadas de teléfono. Mi número seguía en la guía en ese momento, así que, cualquiera podía encontrarlo y el teléfono no paraba de sonar las 24 horas. Era constante. Me llamaba gente a quien no entendía por su acento. De todas las nacionalidades. Muchos norteamericanos. Francamente, era increíble.” Se critica a sí misma, al explicar por qué estaba causando semejante furor. “Una señora que seguía llevando el pelo totalmente a lo loco, con las cejas superpobladas y con aquel vestido que me puse. Es lógico.”

Dada la velocidad a la que se mueve el mundo actual de las estrellas, en septiembre, cuatro meses después de su debut, Susan Boyle volvió a aparecer en televisión en directo. Interpretó una versión especial del tema de los Rolling Stones, Wild Horses –re-orquestado para adaptarlo al timbre exacto de su voz y su talento natural– en la versión norteamericana del programa británico: America’s Got Talent. Tras la interpretación de Susan, el público, espontáneamente, se puso en pie y le dedicó una clamorosa ovación. Aparte del ciclón descontrolado en el que se ha convertido su fama, hay algo en la voz de Susan Boyle perfecto para nuestro tiempo. En un momento en que Dame Vera Lynn y Barbra Streisand están a la cabeza de las listas por sus discos, hay algo especialmente moderno en el hecho, sorprendente, de haber conseguido el récord internacional de reservas de un nuevo disco que aún no ha salido a la calle. Cuando el ruido ensordecedor de las conversaciones que ha provocado va acallándose, es el momento de coger al toro por los cuernos.

El primer disco de Susan Boyle se ha grabado en el verano de este año. Entró por primera vez en un estudio de grabación en el mes de julio, en Edimburgo, para hacer pruebas de cómo respondería la cinta a su voz. Los resultados la impresionaron, tanto a ella misma, como al veterano productor Steve Mac. A continuación, se fue a Londres y trabajó en el disco durante dos meses, eligiendo canciones que la inspiraran, que tocaran algo dentro de sí que quisiese liberar a través de la música. “Me parecía importante poder sentir todo lo que cantaba”, dice, dando en el clavo de por qué la música libera, por qué es una válvula de escape de la cotidianeidad.

Es una mezcla inusual de lo sagrado (“Mi fe es mi columna vertebral”, dice) y lo profano, no hay un solo momento del disco que no nos conmueva. Se inscribe totalmente en este año del que ha disfrutado y que, en determinados momentos bien conocidos, ha soportado. Es una colección de portadas y material original que entra con violencia en el mundo interior de esta mujer, que es el personaje más misterioso, y, sin duda, famoso, que ha salido de los concursos de reality, el género que define la televisión de esta década.

Cuando sufre, sufrimos todos. Su impactante versión del tema de Madonna, You’ll See, es su respuesta a los niños que se metían con ella cuando jugaban en el recreo. El tema nuevo: Who I Was Born To Be es un canto increíble a la fe en uno mismo, frente a unas condiciones de partida difíciles. Y cuando Susan sueña, los demás también soñamos. Gracias a su casi misteriosa intuición para elegir el tema perfecto para contar su historia, en la primera prueba del casting, Susan se ha convertido en sinónimo de la palabra “sueño”. La versión, perfecta, que contiene el disco de I Dreamed A Dream no será una sorpresa, pero sigue poniéndonos los pelos de punta. Una versión en forma de balada country de Daydream Believer refuerza aún más la idea de que Susan es sinónimo de sueño.

Porque esa es la historia de Susan Boyle. El atreverse a soñar sin miedo algo diferente de lo que la vida le había dado de partida. Una oportunidad para escapar. El papel fundamental de la música como vía de escape hacia otro lugar, que a veces se encuentra en algún sitio oculto de nuestra imaginación, y dejar que ese lugar recién encontrado florezca. Esta es la historia de Susan Boyle. Y por eso ha sido capaz de conectar con tantísima gente tan distinta de todo el mundo. Para decirlo igualmente de forma resumida: si ella puede atreverse a soñar, tú, también.